¿Les ha pasado? últimamente he intentado dormir un poco más para asegurarme de descansar correctamente. Sin embargo, he fracasado una y otra vez. Para una chica que vive con ansiedad, dormir temprano no es una opción. Tu mente sigue trabajando en lo que dejaste en el ordenador, en el gimnasio, las conversaciones de Whats que tuviste y los pendientes que no acabaste. Así que comencé a adoptar una serie de rutinas para evitar las preocupaciones.
Dejar de ver el celular por las noches

Una de las cosas de las que me di cuenta en estas últimas semanas es que tengo la mala costumbre de ver IG antes de acostarme. Para mí suele ser relajante meterme a chismear dentro de esta red social. Sin embargo, es mucha estimulación visual, al final del día. Ver todo lo que las personas cercanas a ti hicieron durante el día, en vez de arrullarte suele despertarte. Tener el celular a la mano en las últimas horas del día puede ser la causa de tus malos sueños. Decidí dejar mi celular lejos de mi alcance una o dos horas antes de acostarme. Ahora, en vez de distraerme con eso, suelo escuchar algo de música, meditar o leer. Hasta ahorita ha dado resultado.
Meditar un rato antes de dormir

Ya sé que muchas personas no son fanáticas de este movimiento del new age, como le dicen. Sin embargo, para mí es una realidad que meditar me quita la ansiedad y puede ayudarme potencialmente a subirme el ánimo. Al principio resultaba muy frustrante para mí tratar de dejar mi mente en blanco. Sinceramente aún no lo logro del todo. Hay veces que comienzo a recapitular cosas que me pasaron en el día o bien imagino unas más. Sin embargo, siempre intento no distraerme y en vez de ello repito mantras personales. El que me ha estado funcionando en estos días es tan simple: “Todo está saliendo perfecto para mí”. Lo repito incontables veces antes de dormirme.
No sentirme culpable

Finalmente el insomnio siempre llega cuando tienes asuntos pendiente o sin resolver en el día. Sin embargo, he logrado aceptar que no puedo hacer nada para solucionarlos. Mucho menos si son las 12 de la noche y me encuentro en pijama en la cama. Dejar la “controlitis” es todo un proceso. Comencé con algo pequeño. Cada vez que recuerdo algún pendiente, deuda o problema que surgió en el día me digo a mi misma: “no tienes que preocuparte por eso en este momento, solo tienes que dormir”.
Compré una lámpara de mesa

La luz de mi cuarto influye gravemente en mí, igual que sobre otros seres humanos. Estar en un cuarto con todas las luces encendidas suele mantenernos despiertos. Así que para solucionar el problema compré una lámpara de mesa. Eso me permite apagar el resto de las luces y quedarme con una luz de baja intensidad. Me he dado cuenta de que al encender esta luz mi cuerpo automáticamente comienza a relajarse.
Más ejercicio en la noche

Por ahí dicen que las preocupaciones se van con ejercicio, y es totalmente cierto. Cuando me siento mal, sola, deprimida o estoy teniendo un pésimo día. Ir a nadar es todo lo que me conforta, el ejercicio es vital para una persona que tiene ansiedad. Es mucho mejor que el clonazepam. Además, es saludable y no crea una adicción de la que después no puedes desligarte.
Hacer lo que me hace sentir bien

Ser caprichosa, así le dicen algunos. Sin embargo, me he dado cuenta de que mientras mi mente está relajada funciona mucho mejor. Así que evito convivir con gente que vive en estrés todo el tiempo. Evito forzarme a hacer cosas que no me gustan, cuando estoy en un momento estresante. Esto no quiere decir que no haga cosas que me incomodan, solo cambio mi humor antes de hacerlas. Así todo me ha resultado más sencillo de manejar.
Si tienes problemas para dormir o las preocupaciones no te dejan en paz procura encontrar su razón de ser. Algunas veces resulta sencillo decir: “es que tengo muchas deudas” o “no me gusta mi trabajo”. Vislumbra sobre qué tienes control y sobre qué no. Si no te gusta tu trabajo comienza a moverte y busca algo más. Si se trata de algo en lo que no puedes tener el control, como deudas o fallecimiento de un ser querido