Esperé mucho tiempo por un donador y cuando perdía la esperanza, al fin llegó

En la actualidad se habla mucho sobre la donación de órganos. Nos dicen que si decidimos poner nuestros órganos a disposición de otros si algo nos pasa, podemos ayudar a salvar otras vidas. Suena sencillo y parece ser una magnífica idea; sin embargo, mucha población no tiene la educación de la donación de órganos. Todos deseamos tener una nueva oportunidad cuando estamos al borde de la muerte, pero pocos se atreven a poner sus órganos a disposición de otros y ayudarlos. ¿Estarías dispuesta a que usaran tus órganos si tú ya no pudieras vivir? Yo durante mucho tiempo esperé a un donador y cuando sentí que las esperanzas se terminaban, apareció alguien que sí cree en las segundas oportunidades.

A veces la vida da golpes fuertes

Desde que era pequeña, tuve problemas con mis riñones, pues uno de ellos estaba dañado desde el día en que nací. Los doctores no les daban muchas esperanzas de vida a mis padres, pues sabían que toda la carga de trabajo de mi cuerpo, la tenía un solo riñón. Cuando nací, los primeros años de mi vida los viví dentro de los hospitales. Prácticamente no sabía lo que era ser niño, pues yo en lugar de ir a los parques o a fiestas infantiles, tenía que ir a consultas y terapias para que mi esperanza de vida se incrementara un poco más.

Mis padres buscaban y buscaban

Durante todo el tiempo que estuve en el médico, también esperaba en una interminable lista, a que hubiera un nuevo riñón para mí. Las cosas se ponían peor, pues como sólo había tenido un riñón desde el día que nací, estaba dañándose y entonces, si no encontraba un donador, mi vida estaba en riesgo. Todo ese tiempo mis padres no dejaron de buscar incansablemente (si por ellos hubiera sido, me hubieran dado sus riñones, pero por desgracia, no eran compatibles conmigo); pero la búsqueda no tenía éxito. Varias veces, cuando estuve en los hospitales, coincidieron varias personas que por una u otra causa fallecían y su riñón podía ser una nueva esperanza de vida para mí.

El problema era que como esas personas no aceptaban dar sus órganos a otros, no se podía hacer nada. Mis padres intentaron convencer a más de una familia de esos fallecidos, de que dejaran tomar su riñón. Sin embargo, nunca accedían. Sentían que invadiríamos su privacidad, que no respetaríamos a su ser querido. Lo único que deseaban mis padres era que nos ayudaran a tener una segunda oportunidad.

¡Encontré un donador!

Cuando sentía que las esperanzas se agotaban, estaba en consulta, una de las que no eran nada alentadoras. Creí que mi vida se terminaba en ese momento, pues veía la cara de mis padres cuando hablaban con el médico. Ese mismo día, llegó un ángel a mi vida. Un chico se accidentó en su motocicleta y llegó en coma al hospital. Su familia entró con él y los médicos empezaron a atenderlo. Cuando le dieron el informe médico a su familia, no era nada bueno. En ese instante, por obras del destino, su familia se cruzó con la mía. Parece un caso de película, pero es real. Su familia escuchó cuando los médicos hablaban con mis padres sobre mi crítica situación médica. Las esperanzas de vida de su hijo eran mínimas. Decidieron hablar con los médicos para que sus órganos quedaran a disposición de gente que los necesitara. Él murió, sí, pero ahora vive conmigo, pues gracias a que mi cuerpo aceptó su riñón puedo tener una nueva oportunidad.

Educación en la donación de órganos

Al ser un ejemplo viviente de la donación de órganos, ahora me dedico a predicar esa información a beneficio de otros. Deseo que todos podamos aprender a dejar de ser egoístas con nuestro cuerpo y si está en condiciones de ayudar a otro, lo permitamos. Mucha gente que muere, tiene cuerpos sanos que se desperdician por no querer compartir los órganos con otros que los necesitan.