Sin duda, la llegada de un bebé cambia por completo tu vida. En mi experiencia, puedo decirte que a pesar de los momentos complicados, cada minuto ha valido la pena. Ver a mi bebé día con día, es una de las cosas más gratificantes que he vivido. Sin duda, no cambiaría por nada esta experiencia.
Si tu bebé está a punto de llegar, es importante que sepas esto…
Al ver a tu bebé, sabes que todo ha valido la pena

No todos los embarazos son color de rosa y siempre nos invade un poco de miedo. Miedo de que el bebé no se logre, miedo de que se compliquen las cosas antes de que nazca. Incluso hay miedo en el momento en el que él llega al mundo y sin duda, el miedo no se irá cuando salga de tu vientre. El miedo se hará tu compañero porque obviamente querrás siempre lo mejor para tu bebé. Tranquila, al verlo, sabrás que todo eso ha valido por completo la pena.
Eres más fuerte de lo que creías

Ya sea porque tuviste a tu bebé por parto natural (por eso de pujar varias veces hasta que salga), en la cesárea (porque han tenido que cortarte varias capas y el dolor es incómodo). Tampoco importa si lloras con cada película que ves o cada vez que notas que tu bebé ha crecido un poquito más. En el fondo, como mamá, tienes una fortaleza que cuando tenga que hacerse presente, te sorprenderá por completo. Créeme.
Empiezas a entender a tus padres

Cuando somos chicos, muchas veces no entendemos por qué nuestros padres tienen algunos comportamientos. La realidad es que eso no lo entendemos hasta que nos convertimos en padres. Así que sería bueno juzgar menos y tratar de ser un poco más empáticos con quienes han visto por nosotros toda la vida.
En cualquier conversación que tengas, terminarás hablando de tus hijos

Es la realidad, cuando te conviertes en madre, siempre querrás contar algo de tus hijos. Su primera vez que hizo popó, o cuando caminó sin ayuda. La primera vez que dijo mamá. Incluso cuando van creciendo, sigues admirándote de sus logros y con todos quieres compartir sus logros y tu emoción.
No te cansas de darles besos y abrazos

Sin importar si son chicos o grandes, los quieres apapachar todo el tiempo. Eso sí, falta que ellos se dejen, porque al llegar a la adolescencia parece que se les acaba el amor por sus padres. Tranquila, es sólo una etapa.