Toda la vida te enseñan a ser fiel, fiel a los demás y al modo en que te relacionas con ellos. Sin embargo, jamás nos dicen cómo sernos fieles a nosotras mismas. Ahora, luego de mucho tiempo y de muchos golpes, lo he aprendido.
La realidad no se muestra

Analizando todos los programas o caricaturas que vi de niña, me queda claro que en ninguno muestran a una mujer que luche por ella. Bueno, son contados los casos en donde se aprecia. De entre todas las películas, libros y caricaturas que vi, Mulan es la única que recuerdo con esas características. De ahí en fuera, ninguna de las protagonistas hacía algo por su bienestar. Todo era por complacer a los demás. Eso no estaba tan alejado de la realidad, pues al parecer así nos enseñaban a ser.
Aprendiendo a ser yo

Desde pequeña, mis padres me inculcaron a no decir mentiras. A no fingir con la gente; no a la hipocresía ni nada de eso. Conforme crecía, muchos de mis “amigos” quedaban sorprendidos por mi manera tan ocurrente o sarcástica de responder. La verdad es que ninguno de ellos estaba acostumbrado a que otro le dijera la verdad sobre algo en particular. Algunas de esas personas se mantuvieron a mi lado, aún con ese “defecto” (como ellos le llamaban) que tenía. Yo creía que era mejor que ellos supieran la verdad, incluso aunque duela.
No todos están preparados

Me quedó claro que muchas de esas personas no están acostumbradas a escuchar la verdad. Prefieren mentir en lugar de asumir la consecuencia de sus comentarios o actitudes. A diferencia de mucha gente con la que estaba, a mí no me importaba lo que creyeran de mí. Luego de varios trancazos que me dio la vida, entendí que solo tenía que hacer lo que yo quisiera para mí, y dejar de lado las reglas de los demás y no tratar de copiar sus comportamientos.
La sociedad presiona

Conforme iba creciendo, la sociedad ejercía o trataba de ejercer más presión sobre mí. Por fortuna, aprendí a ser fiel a mi ser interno y eso me ayudó a salir adelante. Comprendí que si dejaba que mi autoestima estuviera por los suelos, todo se complicaría. Lo que menos quería era olvidarme de mí, de lo que era y soy.
Respeto a mí

Por encima de lo que el mundo desea o espera de mí, siempre debo escuchar a mi corazón. Solo yo tengo la última palabra de lo que deseo en mi vida. Si me enfocara en complacer a todos los demás, terminaría rendida y sin ánimos de continuar. Debemos aprender que nosotras mismas somos las que tenemos las riendas de nuestro camino. Cederlas a alguien más es muy fácil, pero no resulta nada gratificante para ti a la larga.
¿Tú qué harías?