Era muy joven cuando me embaracé. Aunque sé que tal vez no tuve la responsabilidad necesaria, estaba muy emocionada por la llegada de mi bebé. Mis padres no se sentÃan con la misma emoción que yo, o al menos mi papá. Él no querÃa que tuviera al bebé porque era muy joven y necesitaba hacer otras cosas antes de encasillarme a cuidar a un bebé. Según él creÃa que la mejor opción era dar en adopción a mi bebé. Cosa que obviamente no permitÃ.
Quiso encerrarme

Como veÃa que yo no cedÃa ante eso, optó por llevarme a un monasterio para que las monjas me hicieran “entrar en cintura”. QuerÃa que me abrieran los ojos y me diera cuenta del futuro que podÃa esperarme. Sin embargo, mi madre se opuso a eso. No le permitió que me llevara a ese lugar. Pero él no desistió ahÃ. De una u otra manera seguÃa buscando cómo hacerme cambiar de opinión.
Un dÃa salimos a caminar

En su afán de hacerme cambiar de parecer, un dÃa me propuso que saliéramos a caminar para platicar solos, él y yo. Optó por llevarme a una casa de huérfanos, en donde querÃa que viera las condiciones de todos esos niños que se quedan sin padres por una u otra razón. (De verdad no sé qué pensaba mi padre, pues si algo no pretendÃa hacer era deshacerme de mi bebé). Una vez más, trató de convencerme de dar en adopción a mi bebé, pero no consiguió hacerme cambiar de parecer.
Tuvimos que huir

Un dÃa llegó con unos médicos a la casa, pues en última instancia querÃa que abortara para no hacerme cargo de ese bebé. Por fortuna mi madre apareció ahà y tuvimos que huir para que él dejara de hacer locuras. La verdad me habÃa sacado mucho de onda, pues jamás habÃa tenido conductas muy extrañas. Jamás di en adopción a mi bebé, al contrario, le eché muchas ganass a la escuela para poder sacarlo adelate. Nunca supe más de mi padre, pues tuvimos que alejarnos por nuestro propio bien. Lo único que puedo agradecer, es que mi madre jamás me dejó sola.