Ahora que dejado partir el enojo que me produjo mi relación pasada, veo las cosas con más claridad. Hace unos años estaba con un grandioso hombre, con el que compartà una buena parte de mi vida. Pero siendo muy honesta los últimos años fueron como una de esas pesadillas en las que te quieres pellizcar para despertar. Te cuento esto por si estas pasando por algo similar. Si te sientes presionada por mamá, papá, amiga o novio para dejar tu trabajo, escuela o whatever… porque yo casi dejo mi trabajo porque…
La relación en crisis

Mi relación estaba más que en crisis. Dañada por una serie de cosas en las que no me extenderé. Creo que solo basta con decir que estábamos viviendo una mala época donde yo trataba de ser la piedra de la relación. Las decisiones que tomaba mi pareja de ese entonces para mi eran un sube y baja, por ende en ese momento yo solo buscaba algo estable en mi vida. Eso fue mi trabajo, a decir verdad a mi me encanta mi trabajo. Pero en aquel entonces no encontraba la forma de poner lÃmites en el. Además, mantenerme ocupada me hacÃa sentir segura. Seguridad y estabilidad que yo necesitaba con una pareja que se encontraba emocional y laboralmente mal. Los reclamos sobre mi tendencia a trabajar de más, se convirtieron en una constante pelea. Estas peleas fueron la gota que derramó el vaso.
¡¿Qué quieres?!

Constantemente me encontré atacada por esta pregunta. Todo el tiempo mi pareja me recalcaba que mi vida se encontraba sin rumbo alguno. Me reclamaba por no perseguir mis metas. Era una tortura mental y emocional que me acosaba dÃa tras dÃa y lo único que yo podÃa hacer para sobrellevarlo era sumergirme más en mi trabajo. Se que suena a vÃctima lo que te estoy contando, de hecho esa era la razón por la que no me defendÃa. Me sentÃa la vÃctima y la verdad ¡Cómo no!. No tenÃa a nadie que reafirmará que mi rumbo iba bien. Estaba perdida, completamente sin rumbo. Con una pareja que me decÃa cosas como “aunque yo no tengo un trabajo estable, he avanzado mucho más que tú”. A eso chicas, se le llama maltrato emocional aquà y en china. Tarde mucho tiempo para poder asumir que vivà violencia en el último año de mi relación.
La confusión

Es muy difÃcil entender qué es lo que está pasando cuando la máxima fuente de apoyo, que suele ser tu pareja te dice cosas como esa. Con un poco de tiempo, terapia y reflexión entendà 3 cosas:
- La primera es que el agotamiento mental y fÃsico que sentÃa en ese momento, fue un cúmulo de emociones guardadas. Me convertà en una bomba de tiempo. Todo por no saber cómo poner lÃmites.
- Al no poner lÃmites en ninguna parte de mi vida mi trabajo y mi relación eran como un cáncer. Igual de absorbentes, autoritarias y tóxicas.
- Mi amor propio estaba por el suelo. Vivà en una relación tóxica y no lo podÃa aceptar porque realmente él es una buena persona. Pero.. a veces las personas buenas también tienen sus rachas tóxicas. Las relaciones dan lo que tienen que dar y acaban.
Esa confusión que tenÃa era tan real, me carcomÃa todos los dÃas. Estaba muy deprimida y tenÃa tanto miedo de no tener un rumbo en mi vida, porque tenÃa miedo de que mi pareja me dejara.
No tener un rumbo está bien

Lo que nadie pudo decirme en ese entonces, es que está bien estar perdido. Nadie, ni tu mamá, ni tus tÃas y mucho menos tu pareja te tienen que hacer sentir mal o juzgar la forma y tiempo con el que caminas. A veces está bien estar perdida y no saber hacia dónde ir. Estar perdida te deja aprendizajes de vida muy fuertes. El mÃo por ejemplo, fue que en ese momento lo único que yo necesitaba para avanzar era dejar esa relación. Porque cuando estás en un ambiente tan tóxico es muy difÃcil que avances. Estás atorada, tu energÃa , tus ganas, tu mente, todo está inmerso en el miedo que te da dejar esas cosas, situaciones o personas tóxicas. Pero no te preocupes, todo va a estar bien porque tienes una guÃa interna y el universo siempre acomoda las cosas.
Estaba a dos pasos de renunciar

En las últimas semanas de mi relación estuve a dos pasos de renunciar. Lo que decÃa mi pareja se sentÃa tan real que pensé que dejando mi trabajo avanzarÃa como él decÃa. Afortunadamente mi relación trono antes de que yo pusiera cartas en el asunto. Deje de sentirme acorralada, por fÃn después de muchos meses sintiéndome inútil, desesperanzada y miserable. Volvà a respirar poco a poco…
Lo que pasó cuando se fué

No todo fue un camino de rosas. La verdad es que este hermoso hombre me acompañó en gran parte de mi juventud y le estoy agradecida por todo el amor que me dio en esa época. Pero todo en esta vida tiene un ciclo. Aprende a aceptar que las relaciones acaban e incluso que a veces las personas que más te aman en este mundo pueden ser tóxicas. Podemos ser violentos sin ser realmente conscientes de ello, pero… como en todo. Tú tienes la decisión, de quedarte o avanzar. Con mucha ayuda comencé a subir mi autoestima, aprendà a poner lÃmites, sigo aprendiendo dÃa con dÃa. Cuando el se fué, mi vida comenzó a correr me llegaron muchas oportunidades que tomé sin pensarlo dos veces.
No le cedas el control a nadie

Respire de nuevo y comencé a reconstruirme de mil formas. Lo que quiero que recuerdes de esta experiencia es que no tienes que darle el poder a nadie de controlar tus pasos. No dejes que nadie tenga el poder de apagarte. Pues aunque quieras que ese hombre sea tu compañero de vida, no es razón para cederle todo lo que eres. No es que la persona sea mala. Eres un ser individual y puedes escoger qué cosas compartir y en cuales ser solo tu la que decides. A veces no establecer lÃmites mata las relaciones.Tener una pareja amorosa no significa que tengas que basar tu vida en la otra persona. Porque primero tienes que aprender a caminar contigo misma. Para aprender a controlar tus pasos, tu alegrÃa, tu amor propio y tu vida.
Aprende a tomar tus propias decisiones. No cedas ante alguien que quiere ejercer control sobre ti. Solo hasta entonces podrás aceptar en tu caminar a alguien con quien moldear el camino. Porque la vida no es recta y no se trata de construir un solo camino. Sino una vida conjunta, con dos caminos que se van cruzando y moldeando. Cada uno en su carril, compartiendo y avanzando juntos.