Recuerdo que cuando era pequeña, muchas veces pensé que mi mamá era una exagerada. Desde cómo preparaba mi desayuno hasta la forma en que me cuidaba cuando salíamos a pasear. Hubo momentos en los que me sentí avergonzada de cómo me trataba. Las vacaciones no fueron la excepción. Como hija viví el verano de una forma muy divertida, pero a la vez bochornosa.
Una mentalidad diferente

Durante mi infancia, hubo muchas ocasiones en las que pensé: “¿Por qué mi mamá será tan exagerada?”, “¿acaso lo hace para molestarme?”. La verdad es que no tenía ni la más mínima idea de lo que implicaba ser madre. Solo veía por mi beneficio como niña y lo demás lo dejaba de lado. Sin embargo, todo fue cambiando conforme crecí, hasta llegar al momento en que me convertí en mamá. Fue justo ahí cuando entendí todo y supe que lo que hacía mi madre solo era por amor. Recuerdo especialmente los veranos, pues era la misma y tediosa historia (a mis ojos de niña).
Cómo viví el verano como hija

- Mi mamá me ponía mil salvavidas para entrar a la alberca. La verdad me daba mucha pena cada que íbamos a nadar. Con solo pensar en entrar a la alberca, mi mamá ya estaba lista con un armamento de salvavidas para mí. Antes de meterme al agua, ella se aseguraba de que yo tuviera la protección necesaria en cada extremidad de mi cuerpo.
- Quedaba completamente blanca por el bloqueador. Ni hablar del bloqueador, porque casi usaba una botella por cada vez que salíamos a la calle. Peor aun si pretendía meterme al agua, porque me dejaba peor que a Gasparín.
- Estaba prohibido entrar a la alberca después de comer. Lo malo era que cuando terminábamos nuestros alimentos, lo único que queríamos hacer era volver a nadar. Mi mamá nos dejaba jugar siempre y cuando no fuera en la alberca. Ella decía que al menos teníamos que esperar dos horas para poder volver a meternos. Eso para un niño es una eternidad, no me dejarás mentir.
Mi visión cambió por completo

Una vez que me convertí en mamá, de manera automática se cambió el chip en mi cerebro, por así decirlo. Fue justo en ese momento cuando comprendí muchas de las acciones o actitudes de mi madre. Antes de tener a mi hijo, pensaba que mi mamá era una exagerada al esperar despierta a que mi hermano regresara de alguna fiesta. Yo pensaba: “¿por qué no se duerme y ya lo ve al otro día?”. Ahora entiendo el motivo por el que no podía dormirse. El amor por los hijos es inmenso, y estoy segura de que toda mamá daría su vida con tal de ver bien a los suyos. Ahora yo sé que cuando mi hijo crezca y salga, también esperaré el tiempo que sea necesario para verlo llegar.
Como mamá

En cuanto a los temas veraniegos, aunque siempre busco el bienestar de mi pequeño, lo cierto es que hay muchas cosas que no he seguido tal cual hacían conmigo.
- Trato de darle confianza a mi hijo cuando se mete a la alberca. Yo viví el verano de una manera algo extraña y trato de que no sea igual con él. Sé que debe usar salvavidas, pero con uno es más que suficiente.
- No excedo el uso de bloqueador. Entiendo que la protección de su piel es básica, pero tanto bloqueador también puede resultar malo para el agua, pues se contamina demasiado.
- Dejo que pase menos tiempo para que mi hijo pueda entrar a la alberca. Conozco la razón de por qué no se puede meter uno inmediatamente al agua. Aunque también estoy consciente de que dos horas es demasiado.
No me puedo quejar de cómo viví el verano, pues sé que mi mamá hizo lo que estuvo en sus manos para cuidarme. Ahora yo trato de hacer lo mismo para cuidar a mi hijo y demostrarle todo mi amor.