Cosas de las que me he dado cuenta ahora que tengo casi 30

La vida pasa más rápido de lo que puedas imaginar. Antes no lo creía, pero ahora que tengo casi 30, me doy cuenta de lo veloz que se va el tiempo. Recuerdo que cuando estaba más chica, sentía que faltaba mucho para que creciera más. Sentía que pasarían siglos y siglos antes de que llegara a mis veinte primaveras. Ahora, más bien quiero que todo vaya más lento para poder disfrutar un poco más. Eso sí, no me arrepiento de nada de lo que he vivido, pues gracias a eso (bueno y malo) soy la versión actual. Sé que aún debo trabajar en muchas cosas, pero al menos creo que me he esforzado en disfrutar lo que tengo en el momento en que lo tengo.

Mis platillos favoritos me hacen engordar

Amo la comida, amo comer y en realidad no me importa si lo hago varias veces al día. El problema es que muchos de los alimentos que me gusta comer, me engordan. Antes, cuando era más joven, no me preocupaba tanto por eso. Podía comer y comer sin preocupación alguna. Sabía que mi metabolismo me ayudaba, junto con un poco de ejercicio. El problema de ahora es que el cuerpo deja de funcionar igual. Los chocolates, las papas fritas o un buen bote de helado me pasan la factura antes de lo pensado.

Pocos, pero buenos amigos

Ahora que tengo casi 30 años, si algo tengo muy claro es que los verdaderos amigos son pocos. Durante mi vida estudiantil conocí a muchas personas. Buenos amigos en esa etapa. Años después, algunos compartieron conmigo otras experiencias. Así fue en cada etapa escolar y yo en ese entonces juraba que muchos de esos “amigos” seguirían en mi vida hasta el día de hoy. La realidad es otra, puesto que esos “amigos” no lo son. No les guardo rencor ni mucho menos, pero ahora sé que no a cualquiera puedo considerar mi amigo de buenas a primeras.

Incluso lo que me gusta a veces lo aborrezco

Recuerdo que cuando era pequeña soñaba con ser fotógrafa o escribir para una revista. También soñé con ser maestra o aeromoza. De entre todos esos sueños, dos se hicieron realidad. Debo aceptar que amo lo que hago y me siento feliz cuando lo hago. Sin embargo, no todo es color rosa. A pesar de hacer lo que me gusta, hay veces en las que quisiera mandarlo muy lejos. Tal vez eso sucede porque me canso de la gente con la que tengo que lidiar.

No me muero de amor

Cuando tuve mi primera ruptura amorosa, sentí que el mundo se derrumbaba. Creí que iba a morir ahí, tirada en mi cuarto, con el pecho lleno de dolor, mientras lloraba a mares. Ja, ja, ja, ¡qué ilusa! Esperé un rato así, pero me di cuenta de que no iba a pasar nada. A la segunda ruptura, supe manejar las cosas de otra manera. Poco a poco entendí que aun con el más terrible dolor que experimente, no muero ni moriré de amor.

Estar en casa es lo mejor

Cuando era más joven, prefería andar en la calle todo el día (si era posible). Entre menos estuviera en casa era mejor para mí. Disfrutaba conocer lugares, recorrer todos los sitios que fuera posible. Sin embargo, con el paso del tiempo opté por otro tipo de diversión. Ahora prefiero estar en casa viendo una buena serie o peli en la comodidad de mi sillón. Tal vez suene aburrido, pero en verdad es algo que disfruto más que andar en la calle entre tantísima gente que hay en cualquier lugar.