Esperar demasiado de todos terminará derrumbando tu vida

Nos guste o no, siempre tenemos una expectativa de cada persona que conocemos. Ya sea para bien o para mal, lo hacemos. Lo más curioso es que lo seguimos haciendo más a la altura de una ocasión. Hemos escuchado la frase de la famosa frase: “No esperes nada de nadie”. Muchas veces me pregunté por qué decían eso, hasta que comprendí que era la mejor manera de evitar decepciones.  Esperar demasiado puede generar falsas expectativas que solo nos derrumban.

Siempre estamos esperando

Platiqué de este tema con la psicóloga Dolores Pacheco, quien se especializa en el empoderamiento de la mujer. Sin embargo, considera que hay muchos otros tópicos importantes para el bienestar de cada individuo en esta sociedad. Ella piensa que una de las principales problemáticas que tenemos es la de esperar demasiado de todo y de todos. Ya seas nuestra mamá, nuestro papá, hermanos, amigos, pareja o jefe. Incluso de los vecinos, de la gente que se encuentra en el transporte; en pocas palabras, de todos. También esperamos las cosas, por ejemplo, del trabajo esperamos un ascenso. Lo malo es que la realidad es que a veces alcanza nuestras expectativas.

Cruel realidad

El problema de esperar tanto es que casi siempre te llevas decepciones. Cuando te enojas con tu novio, esperas que él mar que busque para solucionar el problema. Si haces un buen trabajo esperas que tu jefe te lo reconozca. Si quieres un amigo en apuros, esperas algún detalle o palabras de agradecimiento. Puedes sentarte y tener un paso por una taza de café, porque es muy probable nunca suceda eso que esperas.

Compartir por placer

Por desgracia no nos enseña a compartir por el placer de dar, sino por el interés de recibir. En los cumpleaños, por ejemplo, damos regalos a otros para que luego nos den algo. Si dejáramos de pensar que también funciona las cosas menos engañosas de los demás. Cuando optamos por tener la libertad de decidir quiénes somos, qué hacemos o qué tenemos, las cosas se viven de otra manera. No necesitamos que los demás aprueben o valoren lo que hacemos para que sea válido. Si seguimos esperando a que hagan o piensen como nosotros queremos, solo viviremos en la frustración.