Tal vez mi matrimonio no funcionó porque no me criaron como la típica ama de casa

Cuando era pequeña, recuerdo que siempre escuchaba a mi abuela paterna decir que “la mujer estaba al servicio del hombre”. Cuando él llegara de trabajar, debía ser el primero en ser atendido a la hora de comer. Se le debe lavar y planchar su ropa y por nada del mundo se le debe de molestar, pues quiere descansar después de un largo día de trabajo. Sí, ella decía que la función de una ama de casa, era ver primero por la pareja, luego por los hijos y al final por ella. ¡Wow! Aunque fueron palabras de mi abuela, por suerte no las tomé como un ejemplo que debía seguir y todo fue gracias a mi madre.

La educación en casa

En caso contrario a la casa de mi abuela paterna, en casa de mis abuelos maternos las cosas eran completamente diferentes. En esa casa, la que mandaba era mi abuela y sí, tampoco era lo mejor. Eso me queda claro porque mis tías y primas eran de la misma forma y querían tener el control total en sus casas. Aunque mi madre también adoptó algunas de estas conductas, algo era bueno. Gracias a que su educación era otra, ella no me inculcó el tener que ver por mi marido antes de ver por mí. Me inculcó un trato igualitario entre hombres y mujeres porque así tiene que ser. Al menos yo creo que eso es bueno para la relación, pero mi marido no lo vio de ese modo.

Problemas de pareja

Como en toda relación, todo parecía ser miel sobre hojuelas al comienzo de mi matrimonio. No hablo del noviazgo, porque ahí las cosas eran diferentes y realmente no conocí a mi marido siendo él, hasta que empezamos a vivir juntos. Los primeros meses fueron maravillosos, pero conforme pasaban los días había muchas cosas que me molestaban de su forma de ser.

Él se iba a trabajar, al igual que yo. Los dos llegábamos cansados, pero la diferencia era que cuando estábamos en casa, él aprovechaba su tiempo para descansar y no hacer nada. En mi caso, tenía que usar ese tiempo “de relajación” para hacer la comida para el siguiente día, poner la ropa a lavar y limpiar la casa. ¿Qué si hablé con él? Claro que lo hice, le dije que no me parecía justo que sólo uno tuviera que hacer todo, cuando se supone que la relación es de dos.

Mi marido de todo se quejaba

Entiendo que él llegaba cansado, pero yo también llegaba así a casa y no por eso dejaba de hacerme cargo de otras obligaciones que no sólo eran mías. Vivir con alguien implica que ambas partes tienen que hacer las cosas en conjunto. Si se busca una pareja, es porque buscas el equilibrio con alguien, de lo contrario mejor te quedas sola y ya. Al principio quise llevar la fiesta en paz y accedí a hacer las cosas, pero conforme pasaba el tiempo, me enojaba ver que él no hacía nada pero se quejaba de todo.

Obviamente, un día me rebelé por completo y dejé de plancharle y lavarle su ropa. Ni siquiera sabía usar la lavadora. Empecé a hacer algunas cosas sólo para mí. Él lo notaba, pero dejó de importarme porque ya estaba harta de esa situación. Así que sí, ese fue el fin de mi matrimonio, pero no, no me arrepiento por haber luchado por la igualdad en mi relación. Por desgracia él no lo quiso aceptar y bueno, ahora vive en casa de su madre. ¡Que raro, no!