Cuando tienes hijos tu mundo cambia por completo. Te lo digo yo, que lo experimento dÃa con dÃa. Una vez que te conviertes en mamá, dejas de ver el panorama como estabas acostumbrada. Si eras la mujer más valiente, puede que comiences a tener miedos que antes jamás pensaste. Tal vez si dijiste: “nunca haré o nunca probaré”, terminaste contradiciendo tu palabra. Lo mismo sucede con tu organismo, pues nos guste o no cambia bastante.
Por fuera

Los cambios más notorios que observé en mÃ, luego de la llegada de mi hijo fueron que mi cadera se ensanchó. Mis pechos se hicieron más grandes, al igual que mis pies. Aunque no engordara, sabÃa que habÃa dejado de ser la misma. Ahora era una diferente versión de mÃ. No le echo la culpa a la maternidad ni me arrepiento de que mi vida haya cambiado de esa manera. Al contrario, a partir de ese momento me sentà plena en otros aspectos.
Por dentro

Cuando tienes hijos, los cambios también son internos. Vaya que tenemos cambios, pues desde el embarazo, nuestro organismo trabaja de manera ardua para llevar esta misión con éxito. Nuestros órganos se hacen más pequeños para que en el mismo espacio puedan caber junto con el bebé que se está cocinando. En mi caso, noté que luego de la llegada de mi hijo, mi menstruación también habÃa cambiado.
Cada cuerpo es único

A pesar de que los sÃntomas o dolencias que podemos experimentar las mujeres suelen ser similares, cada una los vive de manera única. Hay quienes viven su menstruación como si nada pasara. Otras, por el contrario, sienten morir desde dÃas antes por el bendito SPM. Las que tenÃamos periodos irregulares, sufrÃamos bastante, pues tenÃamos que andar “cazando” el dÃa de llegada. Recuerdo que cuando esperaba a mi bebé, me dijeron que iba a ser grandioso para mi periodo. Me aseguraban que luego de dar a luz, iba a regularse todo dentro de mÃ. En ese momento yo solo sonreà y dejé que el viento se llevara esas palabras. Jamás pensé que tuviera que ver una cosa con la otra.
¡Un milagro!

Luego de que mi bebé nació, vino la famosa cuarentena. Como el nombre lo dice, son cuarenta dÃas en los que tienes algo parecido a la menstruación. Obviamente no es menstruación, pues ninguna dura tanto tiempo. Durante este periodo, el cuerpo desecha todo lo que se guardó por nueve meses. Al terminar la etapa, temÃa que volviera a lo mismo: no saber cada cuánto iba a llegar mi menstruación. Un dÃa, por sorpresa, llegó e hice lo de costumbre: usar toallas, tomar tecito para el malestar y esperar a que pasaran esos dÃas incómodos. Luego, imaginaba que las cosas sucederÃan como ya estaba acostumbrada. Sin embargo, ocurrió un milagro, pues al mes siguiente, llegó puntual mi regla. Quedé boquiabierta. Guardé la calma y esperé a ver que no fuera una falsa alarma. Cuando comprobé que no lo era, fui la más feliz. Al mes siguiente pasó lo mismo y asà hasta la fecha.
¿Por qué pasó?

Para no quedarme con la duda, cuando comprobé que ya eran varios meses consecutivos que llegaba puntual, acudà con mi ginecóloga. Le comenté la situación (que ella ya conocÃa) y le pedà que me explicara a qué se debÃa eso. Me comentó que durante el embarazo habÃa tenido un “bombardeo de hormonas” que habÃa regulado las funciones de mi organismo. Fue ahà cuando comprobé que lo que me habÃan dicho era cierto. Ahora soy muy feliz y agradezco más a mi hijo, pues gracias a su llegada mi cuerpo pudo estabilizarse.