En lo personal, debo aceptar que soy una persona un tanto frÃa en el trato que tengo hacia los demás. La verdad eso no me afecta a mÃ, pero a los que están cerca sÃ. Muchas veces he tenido problemas por lo mismo, pues dicen que en un principio ilusiono a más de uno y después les corto las alas de tajo. Puede ser que haya algo de cierto en eso, pero más bien a mà me causa mucha curiosidad aquella persona que está dispuesta a conformarse con migajas. SÃ, no hablo de migajas de comida, sino de las que se relacionan con los sentimientos.
No es nada fácil

Parece muy sencillo lo que digo e, incluso, piensen que qué fácil hago ver las cosas. Lo cierto es que a mà me costó mucho trabajo ser mejor y no perder la dignidad. Muchas veces, la hemos perdido por alguien a quien querÃamos (o eso creÃamos). Sin embargo, se trata más bien de una cuestión de autoestima. Después de ir un buen rato al psicólogo, por fin comprendà eso. Ninguna persona con la suficiente autoestima, permite que llegue alguien a pisotearlo o sólo darle “lo que le sobra”. En algunas ocasiones me tocó estar de la “rogona” o “conformista”. Ya sabes, la que acepta “lo que sea” con tal de no perder a la “persona amada”.
Aceptarlo es lo más complicado

Cada vez que lo hacÃa, creÃa que era lo correcto o la forma adecuada de demostrar que realmente me importaba alguien. Con el paso del tiempo, en lugar de sentirme mejor, me sentÃa cada vez peor. Durante mucho tiempo no entendà por qué. Fue hasta que vivà algo bastante fuerte que decidà ir al psicólogo. Si no hubiera pasado eso, estoy casi segura de que no hubiera tomado la decisión de ir a terapia. Ya en terapia, creà que nada más iba a solucionar el problema por el que habÃa tomado la decisión de ir. Sin embargo, poco a poco, me di cuenta de que lo que habÃa vivido, tenÃa mucha relación con lo demás. En ese momento empecé a entender que no era bueno conformarse con migajas nunca.
Revolución de sentimientos y emociones

Las primeras sesiones en terapia fueron muy complicadas, salÃa vapuleada de cada terapia. Jamás imaginé que serÃa asÃ, pero era consecuencia de lo que trabajaba. Conforme fue pasando el tiempo, empecé a ver las cosas de otra manera. Entendà muchos de mis comportamientos y el por qué de ellos. Luego, con los ojos abiertos, supe que no querÃa ser una persona que tiende a conformarse con migajas.
Dignidad ante todo

Son muchas las razones por las que puedes aceptar conformarte con algo que en el fondo no te hace feliz. En mi caso, después de mucha terapia, de vez en cuando recaÃa y esa era la razón por la que la psicóloga me sugerÃa que no me involucrara con nadie, pues aún era vulnerable. Luego de varios meses más, por fin pude regresar “a las andadas”. Conocà a un chico que en un principio me pareció amable y muy atento conmigo. Mis sentimientos estaban involucrados y todo parecÃa ir viento en popa, hasta que comprendà que no era lo mejor para mÃ. Le pedà que nos dejáramos de ver y él parecÃa que habÃa accedido sin problema alguno. Al dÃa siguiente me pidió de muchas formas que no dejáramos de vernos. Ofreció una relación de “amigos con derechos” y muchas cosas similares. Ahà entendà que ante todo, la dignidad importa. Bien pude haberle dicho que aceptaba, pero la realidad era otra y era mejor hacerle frente.